Celine & Jesse

Anoche follé sin ganas,
con el cuerpo lleno de NADA,
y contemplando mi propio abismo
sólo me consolaba
pensar que, en otra cama,
también tú hacías lo mismo.

SIGUE BUSCANDO, HAY MILES DE PREMIOS

Busca a alguien que te abarque al abrazarte, y que lo haga con tal fuerza, que parezca que te vayan a salir las tripas por la boca.

Busca a alguien que te bese en los semáforos, pero que también esté dispuesto a lanzarse contigo bajo las ruedas de un camión.

Busca a alguien que te cubra con una sábana cuando te quedes dormida, y que le tenga envidia al sueño por no dejarte ver quién eres cuando cierras los ojos.

No busques que te inviten a copas, que te paseen en coche, que te hagan regalos, que te follen medio bien y que te digan cosas bonitas. 

Eso puede hacerlo cualquiera.

¿Quieres quedar conmigo
o quedarte conmigo?
Yo quiero quedar
y tomar té contigo.
Tomar té y tomarte.
Quedar, y a lo mejor, quedarme.
Pero sólo, sólo…
si no llegas tarde.

Ana Elena Pena 
(“Antídotos contra la belleza”)

Recuerda mi nombre

-RECUERDA MI NOMBRE-

Me cansé de esperarte. Me cansé de llamarte y encontrar el teléfono apagado, de los “quizá”, de los “no tengo tiempo” y de los “cuando pueda”. Pero sobre todo, me cansé de desperdiciar mi tiempo, mi juventud, mi aliento, y la desnudez de estas carnes que rugen de hambre.
Así que, cuando se cerró la puerta tras de mí, salí corriendo con mis zapatillas rojas, como hacen las locas, pero las locas de verdad: las endemoniadas, las ausentes, las perdidas, las que lloran y ríen a la vez, las que muerden, las que sufren, las que aman, ¡las que viven!
Dispuesta a no parar de bailar, de correr y de saltar hasta caer muerta sobre el asfalto, me rompí el vestido, pisé todos los charcos sin importarme el barro ni la censura, abracé a todos los hombres, me emborraché, grité, canté, silbé, me subí a un carrusel, lancé monedas a una fuente y me bebí la noche de un sorbo. 

Hasta que, frente a la puerta de tu casa, caí de rodillas, extenuada, dejándome la piel en carne viva. 

Te llamé por última vez, pero descubrí que mi voz era débil. 

Quizá no me escuchaste, o quizá no quisiste hacerlo, como otras tantas veces. (nunca estás para los primeros auxilios)
Con gran esfuerzo, me levanté y seguí bailando, entre sangre y sudor, hasta que alguien gritó mi nombre, y yo, dando un triple salto mortal, caí en sus brazos y sentí tal alivio que al fin descansé. 

No eras tú. 

Me llevó a casa, me metió en la bañera y nunca me supo el agua tan tibia y tan dulce. Entre burbujas de jabón, me dijo todo lo que necesitaba escuchar y se quedó conmigo. Puso la boca allí donde me habías clavado tu aguijón y succionó hasta sacar todo el veneno. Deshicimos la cama una y otra vez, encajando el uno sobre el otro de mil maneras distintas- como las piezas del Tetris- y lancé las zapatillas rojas por la ventana por si alguien más las necesitara para bailar hasta desfallecer (huyendo de un amor paralizante, estéril y sin mercromina en el botiquín) 

Ahora en cambio eres tú el que no cesa de llamar, pero lo siento, ya no puedo atenderte, estoy ocupada. Muy, muy ocupada. 
De hecho, voy a estar ocupadísima durante el resto de mi vida.